viernes, 14 de agosto de 2009

TEORÍA DE LOS OBJETIVOS VITALES DE CHARLOTTE BUHLER

La motivación como orientación de la conducta humana está dirigida hacia ciertos fines u objetivos, que persiguen la satisfacción de las necesidades, las cuales se hacen complejas y jerarquizan desde las de supervivencia del individuo hasta la realización personal. Ante el hombre surgen fines que poseen suficiente valor, estos fines se convierten en impulsos de acción y motivo de sus actos (Espinoza, 1988).
Según Frankl (1984) el hombre está intentando siempre encontrar sentido a las cosas, poniendo constantemente en juego su búsqueda de sentido; es decir la voluntad de sentido. Buhler introduce el concepto psicológico de dirección. Analizando la historia de doscientas personalidades destacadas, llega a la conclusión de que cada vida estaba ordenada definitivamente y dirigida hacia uno o varios objetivos. Hay en cada individuo algo por lo que vive, un propósito principal. Algunas personas se concentran en un gran objetivo único; otras, tienen una serie de propósitos definidos. Un estudio paralelo en suicidas mostró que la vida únicamente se hace intolerable a los que no encuentran ningún objetivo al cual puedan orientarla (Allport, 1986).
Buhler toma como punto de partida el marco biológico para comprender y analizar las tendencias básicas de la vida, y delinea las condiciones del equipo mínimo que un organismo necesita para funcionar: debe ser capaz de satisfacer sus necesidades, ser adaptable y creativo hasta un cierto grado bajo determinadas condiciones y guardar un orden interno. Así establece que en la vida de los seres humanos se evidencian cuatro tendencias básicas u objetivos vitales. Los objetivos vitales son fines a seguir que surgen ante los individuos y que poseen suficiente valor. Una u otra de las tendencias predomina temporalmente en acciones o reacciones particulares, pero las cuatro siempre están operando (Espinoza, 1988).
Para Buhler, junto a estas orientaciones de vida de naturaleza biológica con sus correlatos psicológicos intervienen la cultura y el medio como elementos de fuerte influencia en la determinación o establecimiento de fines. Los individuos de diferentes grupos o culturas ponen énfasis en perseguir determinadas finalidades; según eso se hacen valores o no (Espinoza, 1988). Estos valores están representados en una multitud de objetivos, formando un orden jerárquico cuando se pre­sentan problemas o conflictos de dirección estos son explicados por el hecho de que el proceso de vivir parece requerir una continua activación de las cuatro tendencias básicas u objetivos vitales (Montero, 1987).
Las personas tienen cada una de estas necesidades operando a un nivel de fortaleza que depende de su edad, estado de salud mental y características de personalidad. La meta da las cuatro tendencias se llama realización que se define como la experiencia de haber triunfado en 1a adecuada confusión de aquellos valores de la vida hacia los que el individuo se esfuerza por llegar en forma de autodeterminación (Buhler, 1965; cit por Montero, 1987). Es la vivencia resultante de la conciencia de una vida esencialmente lograda, cuando se ha logrado establecer, en proporción idónea la expansión, la adaptación, la satisfacción y el orden interno. La realización supone haber sido promovido en estas cuatro tendencias, aunque individualmente se puede dar preferencia a una u otra (Espinoza, 1988).
Buhler (1959; cit. por Montero, 1987) considera que los objetivos vitales son necesarios para la comprensión de los procesos de autodirección en el sujeto, tales como son vistos por los psicólogos humanistas, dos procesos enfatizados pueden ser explicados como:
El establecimiento de un sistema personal de valores y fines; y
El proceso creativo
Los objetivos vitales planteados por la teoría de Buhler son:
a) Satisfacción de necesidades.
b) Adaptación autorrestrictiva.
c) Expansión creadora.
d) Mantenimiento del orden interno.


a) Satisfacción de necesidades
Está referido a las necesidades de supervivencia del individuo así como sus capacidades de amor y placer, estas juegan un papel muy importante a lo lar­go de toda la vida del sujeto, siendo la tendencia parti­cularmente primordial en el lactante y en el niño pequeño (Montero, 1987). Las necesidades son estados específicos del organismo producidos por la carencia o privación de algo, estas necesidades orientan y determinan la conducta y la actividad de manera predecible hacia la satisfacción de las mismas. La satisfacción de necesidades se da en una relación funcional con el ambiente y consiste en la recuperación del equilibrio orgánico y de las energías. El logro de esta satisfacción es fundamental para la supervivencia del individuo (Espinoza, 1988). Freud en su teoría de los instintos señala que el verdadero propósito de la vida de un organismo individual es la satisfacción de las necesidades, y concibe al niño como un ser básicamente instintivo. En la posición conductista, Skinner prefiere hablar de privación y saciedad para explicar la conducta orientada hacia la satisfacción de necesidades (Montero, 1978). Para Buhler, abarca las necesidades de supervivencia del individuo, así como sus necesidades de placer y amor.
En el sujeto normal operan de una manera constante desde el comienzo hasta el final de la vida. En los recién nacidos desempeña un papel decisivo en la docilidad con la que el bebe acepta la rutina diaria de la comida, limpieza, períodos de sueño, etc. dispuestos por la madre, mostrando desde temprano su capacidad de adaptación. Esta tendencia mantiene su poder a lo largo de la vida pero suele ceder su lugar prominente du­rante la adolescencia, la juventud y la adultez, a otras. En los años posteriores de la vida, por lo general los malestares propios de esta etapa y la disminución de las funciones pueden determinar un regreso donde nuevamente la satisfacción de necesidades sea primordial. Aún así son múltiples los casos en los que personas de edad avanzada siguen actuando de manera creativa en campos tan dife­rentes que requieren actividad (Montero, 1987).

b) Adaptación autorrestrictiva
E1 individuo se adapta restringiéndose, es decir acepta ciertas limitaciones para su propia satisfacción y extensión. Los motivos pueden ser muy diferentes, en ellos se pueden incluir la sumisión a circunstancias u otras personas, pueden ser la precaución, la evitación de penalidades y la evaluación de la realidad tal cual es. Además, las personas que se limitan a sí mismas, pueden ser modestas, buscando dar a los demás y deseando adhesión mediante la entre­ga de sí mismas (Buhler, 1965; cit. por Montero, 1987).
Buhler considera la adaptación autorrestrictiva como probablemente la característica más notable de la vida; ninguna de las grandes fuerzas de la materia son tan eficaces para la conservación de la independencia e individualidad de las unidades naturales, como la vigilancia y la adaptabilidad a los cambios que designamos como vida y cuya perdida constituye la muerte, ciertamente hay un cierto paralelismo entre el grado de vitalidad y el alcance de la adaptabilidad en cada animal y en cada hombre (Espinoza, 1988).
Visto así este proceso; se puede pensar que la adaptación constituye un mecanismo básico vital de todo ser vivo y hacia el cual se tiende de manera natural con la finalidad de conservar la vida, y consiste en las modificaciones y acomodaciones que realiza un ser vivo para ser más apto para la existencia, para las vicisitudes de su ambiente (Espinoza, 1988).
La adaptación de un organismo en una entidad completamente automática que mediante sus procesos conductuales automáticos consigue una adaptación exitosa en el ambiente para lograr sobrevivir (Espinoza, 1988). Esta tendencia cobra mayor valor en el adulto y junto con la expansión creadora es decisiva para los objeti­vos de un individuo y su logro se vive como cumplimiento realizante (Montero, 1987).

c) Expansión creadora
Representa una tendencia opuesta a la adaptación autorrestrictiva. Bajo este nombre se designa a los impulsos hacia realizaciones que efectúan cambios deseados en el mun­do qua rodea al individuo (Bühler, 1965; cit. por Montero, 1987). Esta tendencia básica vital se manifiesta a través del crecimiento definido como la serie compleja de cambios anatómicos y fisiológicos que tienen lugar desde el comienzo de la vida uterina hasta el final de la senilidad y corresponden a un proceso natural regido por leyes y principios biológicos; y en una evidente tendencia hacia la cual se orientan todos los seres vivos (Espinoza, 1988). Lo realmente importante es que se llevan a cabo ciertos cambios en el mundo que representan una expansión del individuo más allá de los límites de su propia existencia. Esta tendencia goza de predominio en la adolescencia y adultez en donde prevalecen la expansibilidad y la creatividad (Montero, 1987).
Landau (cit. por Matussek, 1984) describe la creatividad como la capacidad de descubrir relaciones entre experiencias antes no relacionadas que se manifiestan en forma de nuevos esquemas mentales, como experiencias, ideas y procesos nuevos. También puede ser definida como la capacidad que tienen las personas para producir composiciones, generar productos o ideas de cualquier tipo que sean nuevas o novedosas y no conocieran productor. Puede incluir la formación de nuevos patrones y combinaciones de informaciones derivadas de experiencias anteriores, el transplante de las relaciones antiguas a nuevas situaciones y la generación de nuevas correlaciones. Puede tener un fin o una meta, aún cuando no requiere una aplicación práctica inmediata ni tampoco ser un producto perfecto y completo (Drevabl, 1956; cit. por Yarleque, 2002).
En relación a la creatividad humana, Buhler plantea su teoría del placer a la que denomina Reacción hedonálgica. Distingue tres tipos de placer (Espinoza, 1988).
El Placer de Saciedad, en el que la satisfacción viene junto con el discurso, el sujeto encuentra que hay una tensión de placer en el juego así como en la creación.
El Placer Funcional, que es el goce o satisfacción que se obtiene por la actividad misma sin considerar los posibles resultados de esta actividad, este tipo de placer el niño lo mantiene constante, sin descanso y sin bajar la tensión que lo acompaña; la tensión esta sostenida en un nivel que el niño parece disfrutar, y obviamente al niño no le interesa que mientras juega desarrolla habilidades y adquiere conocimientos. Para que la actividad posea el carácter de juego y produzca placer, debe permitir al individuo algo de deseada autoexpresión. La actividad del jugar y el placer que causa son considerados por Buhler como precursores de la actividad productiva y el placer de crear.
El placer de crear, hay un aumento de tensión mientras uno crea; hay la alegría del dominio sobre la materia en el trabajo creativo, la sensación de habilidad que vence dificultades que ejecuta cosas. Por ejemplo, el niño que primero goza embarrando en la arena, va un poco más adelante, dibujando una cosa o construyendo una carretera o una montaña y goza así no sólo en el funcionamiento, sino también en el dominio sobre la materia. El placer de crear propone un fin que encierra el dominio de las dificultades y de la materia por tanto se da el goce conciente del propio poder y de la habilidad personal.
El individuo que busca satisfacer sus necesidades o apetencias de calidad y de novedad aumenta las zonas de estimulación y, por lo tanto, su nivel de activación, el que puede ser canalizado hacia el área de la creatividad (Novaes, 1973). Sintetizando, sobre la expansión creadora, podemos decir que el individuo expresa su autoextensión en el trabajo y experimenta el goce del poder y dominio sobre la materia.

d) Mantenimiento del orden interno
Este objetivo vital representa el principio de integración (Búhler, l965; cit. por Montero, 1987). Se hace evidente en la organización que el individuo trata de establecer en sus ac­tos de índole perceptiva y de pensamiento, en su selección de objetivos y en su evolución. Se refleja también en la necesidad humana de establecer una relación entre su orden interno y el orden del ambiente exterior del mundo y del universo según lo entiende, de esta manera gu­arda relación con lo valorativo de cada sujeto. Todo organismo vivo presenta una tendencia natural hacia la conservación del orden interno, es decir, hacia la obtención de un adecuado funcionamiento y equilibrio de todas las partes que lo componen (Espinoza, 1988).
El enunciado de este principio natural de los organismos vivos fue hecho por Canonn y lo denominó homeostasis. La idea de una tendencia natural al equilibrio o de una búsqueda de equilibrio se encuentra notada y descrita en los escritos de filosofía y de física, o por biólogos y sociólogos; el mismo Cannon encuentra la idea en Hipócrates y otros han encontrado su similitud en la idea de Spencer del equilibrio como una meta evolutiva; el concepto de estabilidad de Fechner y en especial la concepción de equilibrio de Bernard, fisiólogo francés, quien a mediados del siglo XIX declaró que todos los mecanismos vitales, no importa cuan variados pueden ser, solo tienen un objetivo: conservar constantes las condiciones de la vida en el ambiente interno (Espinoza, 1988). El concepto de medio interno fue propuesto por Bernard y utilizado por Cannon para referirse a las condiciones internas del organismo, de carácter químico y térmico que constituyen un verdadero ambiente para los órganos. Cannon tomó las ideas de Bernard sobre el medio interno y las desarrolló ampliamente. Postuló el concepto de homeostasis para explicar la regulación de ese medio interno. (Ardila, 1981)
Por tanto, el concepto de homeostasis señala un sistema biológico abierto en contacto con su ambiente externo, pero que mantiene estados relativamente estables y en equilibrio dentro del ambiente interno. Puede mantener tales estados por medio de una compleja cooperación de la mayoría de los órganos internos, el sistema nervioso y el sistema endocrino (Espinoza, 1988). Coldstein y Buhler (1960; cit. por Montero, 1987) han criticado el concepto psicológico de homeostasis cómo meta a la cual se dirige toda conduc­ta. Coldstein afirma que la homeostasis se convierte en meta final solo en casos psicopatológicos y Buhler concibe al estado de la homeostasis como aquel desde el cual el ser humano saludable inicia un movimiento des­tinado hacia la plenitud.
El principio homeostático afirma que un organismo tiende a reducir las tensiones motivadas por sus necesidades y propende a una situación de equilibrio. Este modelo explica una serie de necesidades primarias que aparecen en una situación de carencia. No obstante reducir la tensión no es lo único hacia lo que el organismo tiende, también lo hace a explorarse a sí mismo y al entorno, alcanzar conocimientos, y desplegar sus capacidades creativas. La psicología humanista considera el anhelo de autorrealización como una pulsión básica, como una tendencia del organismo encaminada al objetivo de la conservación y desarrollo personal y a la independencia respecto a controles externos (Auer, 1990).

Suposiciones acerca de las tendencias básicas
Las principales hipótesis y suposiciones sobre estas cuatro tendencias básicas son (Espinoza, 1988):
1. Todo ser humano dentro del campo de la normalidad, está en todo momento motivado por cuatro direcciones u objetivos vitales.
2. Los individuos varían de acuerdo con el grado en que una u otra tendencia predomina.
3. El grado de predominancia discrimina al sano del neurótico, que puede poner un énfasis excesivo en una tendencia y descuidar completamente otra. En los psicóticos puede darse una tendencia con exclusión de las otras.
4. Aparte de las variaciones de preferencias individuales se dan también predominancias determinadas por la edad. Mientras que el niño pequeño se preocupa por sus necesidades, el niño mayor cede cada vez más a la adaptación autorrestrictiva. El adolescente y el joven a la expansión creadora, y en la edad del climaterio se tiende al orden interno. En el adulto pueden ser diferentes actitudes dependiendo de su salud y motivación.
5. Las cuatro tendencias básicas operan en todos los niveles de la escala psicosomática del individuo. Son tan evidentes en los procesos de crecimiento y declive biológico, como en la autodirección consciente o inconsciente de la personalidad.
6. Bajo condiciones internas o externas desfavorables, cualquiera de las cuatro tendencias puede convertirse en su contrario dialéctico; puede haber una voluntaria o involuntaria tendencia hacia la frustración, inadaptación, improductividad o desarreglo interno.
En conclusión, en el plano de la interpretación psicológica, teniendo como punto de partida el aspecto biológico, se puede evidenciar la existencia de determinadas orientaciones o tendencias vitales en todos los seres humanos y que comprende a: la satisfacción de necesidades, la adaptación autorrestrictiva, la expansión creadora y el mantenimiento del orden interno.

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